Estucos de Cal, Esgrafiados, Restauración, Pintura Mural
Tanto ahora como en el pasado se denomina estuco de cal a un tipo de revestimiento continuo, ya utilizado desde la Antigüedad, que se aplica tanto en interiores como en exteriores y que busca un efecto estético y ornamental en los muros que recubre.
Para realizar un estuco de cal, sea cual fuere, ya que existen innumerables acabados bajo esta denominación, han de emplearse materiales de excelente calidad: la cal grasa en pasta ha de permanecer embalsada seis meses al menos, la arena ha de ser mármol de diferentes granulometrías y los colores, pigmentos naturales y resistentes a los ácidos, álcalis y radiaciones ultravioletas.
Esta técnica, que únicamente usa productos naturales sin ningún tipo de aditivos, no sólo está dotada de una gran belleza sino que reúne también otras características de extrema importancia: la durabilidad, ausencia de retracciones, capacidad como aislante térmico y acústico, transpiración de los materiales y cualidades fungicidas e ignífugas, hacen de los estucos de cal una apuesta segura al retomarse su utilización dentro del incipiente campo de la bioconstrucción.
En la actualidad varias facultades de arquitectura están realizando estudios sobre la cal aérea ya que en el ramo de la construcción hace más de un siglo que no se utiliza en favor de materiales más modernos y menos duraderos pero más rentables por la rapidez de aplicación.
La cal aérea resulta apropiada dentro de la arquitectura bioclimática y se conserva en perfectas condiciones durante siglos si los soportes son los adecuados: piedra, ladrillo...
El periodo mínimo de apagado de una cal grasa es de seis meses, mejorando su comportamiento cuanto mas tiempo de reposo tenga. El resultado de este proceso es un material óptimo para su utilización en estucos, revocos, morteros y pinturas.
Cuando se utiliza la cal, empieza el proceso de cristalización y carbonatación desde la superficie hacia el interior, conservando un núcleo húmedo que es el que le confiere sus propiedades y elasticidad. Al cabo de cientos de años y ya completamente carbonatada retoma su estado original de la cantera, piedra caliza.
Recuperar el antiguo oficio tanto en la aplicación como en la elaboración de morteros hechos a mano, empleando un material de reconocida estabilidad y belleza, resulta ya casi una necesidad en estos momentos de reflexión global sobre la optimización de los recursos energéticos.
Ilustran todo lo anteriormente dicho las tradicionales fachadas esgrafiadas segovianas, la fachada del Palacio Macaya en Barcelona y tantos otros ejemplos dispersos en la arquitectura mundial y de nuestro país.